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René Alberto López

El multimillonario empresario mexicano Carlos Slim salió al paso en el polémico tema del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), esto es, irrumpe en su intento de proteger los intereses del tiburón empresarial, algo natural en el hombre de negocios.
Como era de esperarse, se colocó de inmediato en el bando del sistema explotador, una postura normal para su perfil. Noticia sería que su desplante hubiese sido en defensa de los intereses del pueblo.
Bien. Precisamente en nuestra columna publicada el lunes con el título “El Bronco, el ajedrez político y los dueños del tablero”, escribimos lo siguiente:
“No solo es la clase política. En la operación para asirse al poder toman parte los añejos grupos empresariales, los dueños del dinero, quienes integran los poderes fácticos, socios de grandes intereses, los mismitos que hacen negocios turbios en contubernio con gobernantes podridos.
“Eso es todo. Esa es la gran movilización que hay en el ámbito nacional, pues por primera vez los interese de la clase política gobernante se ven realmente en riesgo y, van a mover fiscales, jueces, policías, y todo el poder del Estado para intentar imponerse a la voluntad popular el 1 de julio”. (Hasta aquí la columna citada).

Y, este lunes, coincidencia, el principal hombre de negocios en México, invade las notas periodísticas con su visión empresarial de seguir abultando sus cuentas bancarias a cualquier precio, y, como siempre, incluso a costa del pueblo de México.
Carlos Slim, desde luego, es parte importante de los grupos empresariales, de los poderes fácticos que mandan en este país, que en cada sexenio realizan negocios, algunos desaseados, con la clase política.
Entonces, es obvia su postura de salir a defender a ese grupo de inversionista, que ya se relame los bigotes ante el apetitoso manjar que tienen enfrente con el NAICM.
Ante de abordar una parte medular de las declaraciones de Slim, permítame hacer aquí el comparativo que se ve a diario en los pueblos de nuestra alicaída nación:
Cuando un pudiente va al mercado y mete en la bolsa del mandado mercancías, frutas, carnes, mariscos, quesos, lo hace sin revisar o preguntar precios, ello, debido al desmedido poder del dinero fácil.
Caso contrario son las compras de los asalariados, el pueblo, pues, que tienen necesariamente que preguntar el precio de la mercancía o productos. Primero, para saber si alcanza el dinero. Y, segundo, para que los locatarios le cobren el precio justo.
Y es que en sus declaraciones el principal accionista de Telmex y del grupo Carso dijo algo “genial” en sus declaraciones sobre no cancelar la obra del NAICM. Expone: “la discusión no debe ser si cuesta más o menos, sino qué efectos va a tener la inversión en la zona”.
¡Por supuesto! que sí importa. Porque no es lo mismo que se construya con 250 mil millones de pesos, como está planteado, en vez de 50 mil millones de pesos, como proponen estudios de otros especialistas, contrarios al proyecto. El tema es el abuso que pretenden contratistas con esa obra.
Por otra parte, la verdad, la verdad, la repentina conferencia de Carlos Slim, para salir en defensa del proyecto del NAICM, tiene un fuerte tufo a salinismo, al aparato del sistema.
Ahí se las dejo…
La botica
Me filtran una encuesta de las serias, sobre la competencia en el municipio de Centro, y la delantera que lleva Evaristo Hernández Cruz es devastadora. Sus perseguidores, que son Jaime Mier y Terán, del Frente por Tabasco, y Adrián Hernández Balboa, del PRI, tendrán que emplearse a fondo, si quieren alcanzar al candidato de Morena, que va viento en popa.