Seleccionar página

René Alberto López

E-mail: ralopez22@hotmail.com

En las recientes semanas se ha visto al político tabasqueño Andrés Manuel López Obrador dar una zancada para saltar el charco, esquivar el lodazal del radicalismo, y meterse a las aguas cristalinas de la prudencia.

Si usted lector, tuvo la oportunidad de observar el encuentro del candidato de Morena con los analistas del programa de Televisa: Tercer Grado, habrá notado el cambio de actitud en el candidato de izquierda.

En ese escenario captamos señales que son lectura entre líneas. Tres fueron notorias. Para nuestra sorpresa, personajes de la política choca, entre ellos seguidores de Anaya y de José Antonio Meade, vieron lo que nosotros notamos:

López Obrador fue el número uno, esto es, el primer invitado para platicar con la pléyade de periodistas, líderes de opinión en el ámbito nacional. Por algo será.

Resaltó también la postura de los comunicadores. Mostraron una solemnidad y respeto para con su invitado que, dio la impresión, estaban hablando ya con el Presidente, y no con un candidato.

Tres: el oriundo de Tabasco habló más como jefe de Los Pinos, y, el espacio lo tomó, no para despellejar a sus adversarios, lo usó para adelantar lo que hará en su gobierno como mandatario federal.

Por cierto, plantear que se dedicará más a gobernar, a resolver el problema de la inseguridad para darle paz y tranquilidad a México, que a descargar odios y buscar vengarse de sus enemigos, ha sido un desplante inteligente.

Ahora bien, cuál ha sido el éxito de López Obrador para movilizar masas como ningún otro, para gozar de ese liderazgo nacional no visto en los recientes años.

La verdad, la verdad, desde hace algunas décadas México adolecía de un líder social, porque aparecieron algunos antisistema, pero como irrumpieron, se esfumaron al negociar con el gobierno.

Así, cuando el país estaba muerto de sed por ver a alguien que enfrentara a los verdugos que hundieron a esta nación, surgió el tabasqueño, incluso superó el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas.

Revisemos algo de la historia de los movimientos sociales en México. Valentín Campa y Demetrio Vallejos fueron auténtico luchadores sociales, líderes ferrocarrileros que abrieron una gran brecha de la lucha revolucionaria de izquierda en México, tomando las calles para exigir justicia y libertad.

Othón Salazar Ramírez, maestro normalista, idealista de izquierda, encabezó en el país un movimiento de masa magisterial, quizá el más grande de que se tenga memoria, para impugnar los cacicazgos sindicales en el magisterio.

Por cierto, este mentor, originario del estado de Guerrero, fue el que ganó electoralmente en México el primer municipio para un partido de oposición, abanderando al Partido Socialista Unificado de México (PSUM). De este modo fue alcalde de su natal Alcozauca.

Ahora, cuando la nación se ahogaba con gobiernos incompetentes, privatizadores de los bienes de la nación, surgió la arenga de un tabasqueño que alzó la voz por todo el país, y pudo despertar a un México impotente ante tantos abusos gubernamentales.

López Obrador, con un lenguaje radical, paseó su rebeldía por todos los pueblos del territorio nacional, donde la gente estaba al tocar, cansada de un régimen caduco y rapaz.

Pero no solo eso, fue tozudo, terco, persistente y logró, como en los tiempos de Campa, Vallejo y Salazar, abrir conciencias y sembrar la semilla de luchar por la justicia y libertad a través de la protesta pacífica.

Hoy, el político tabasqueño, a sabiendas que una amplia mayoría de mexicanos inconformes –me refiero a esos que no les pagan por ir a los mítines, pero traen el hartazgo entre cejas y cejas–, están con él de corazón y, así sus enemigos le instrumenten la más sucias de las propagandas, no dejarán de votar por el de Morena en los comicios del 1 de julio.

Por eso, en su vista al programa Tercer Grado, López Obrador mostró a la nacional la otra cara, el otro Andrés, el del político moderado, el del gobernante que modernizó a la Ciudad de México.

Y, ese rostro es el que quiere ver otro sector importante, el de la gente cómoda de este país, que si bien no simpatizas con las manifestaciones callejeras, sí quiere una transformación, anhela otro México, que no podrían darles los gobernantes de siempre.

Ahí se las dejo…

La botica

Evaristo Hernández Cruz sigue dando de qué hablar en su campaña rumbo a la alcaldía de Centro. Ahora propuso un interesantísimo proyecto sustentable para industrializar y abaratar el costo de la leche en las poblaciones pobres, anuncio que rodó de boca en boca en todas comunidades y, les cayó como una bendición a las familias que ven con buenos ojos que un candidato, sin tantos aspavientos y derroches propagandísticos, se preocupe realmente por la gente de abajo. Dicen, quienes conocen de cerca a Hernández Cruz, que es un hombre de palabra y, lo avalan las plantas potabilizadoras de su anterior gestión en el ayuntamiento de Centro.

Síguenos en Twitter:

@ralopez22 @el_papiro