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Eugenio Hernández Sasso

La contaminación que Petróleos Mexicanos (Pemex) ha generado en los cuerpos de agua en Tabasco no es ignorada por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador; al contrario, sabe más que cualquiera del tema, pues esa fue una de las banderas que enarboló en la lucha democrática emprendida hace 30 años.

La contaminación de ríos, lagunas, pantanos y hasta mantos freáticos, son de pronósticos reservados porque los recortes de perforación de pozos petroleros que contienen plomo, cadmio y hasta sosa, entre otros componentes químicos, son arrojados a cielo abierto en cualquier parte de la entidad.

Desde hace ya algunos años se advirtió que el mercantilismo ambiental de las empresas contratadas en exclusiva por la empresa para confinar los recortes de hidrocarburos, traerían daños irreversibles que pondrían en riesgo la integridad de sus habitantes.

“Y es que la complacencia de la paraestatal hacia empresas como Promotora Ambiental, S.A. (PASA), Caresa, Prosipa, INASA, Dowell Schlumberger, IAM, entre otras, ocasionan un desequilibrio ecológico porque no han sido capaces de actuar con estricto apego a la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos que fue decretada en el año 2003, por el entonces presidente de México, Vicente Fox Quesada, para no causarle mayores daños a las poblaciones circunvecinas”, escribió Marco Antonio García Granados, hace cuatro años.

Ahora, la muerte de un manatí detectada el 8 de mayo de 2018 en la zona denominada Los Bitzales, del municipio de Macuspana, fue el inicio de un problema demasiado grave en lo que a contaminación de ríos y lagunas se refiere, pues no solo ha causado la muerte a ejemplares de esa especie sino también a culebras, peces, cuervos, un cocodrilo, y, por si fuera poco, se han detectado humanos con heridas (llagas) en la piel y problemas de salud, atribuida por los pobladores a la contaminación del agua en los ríos.

Lo más interesante de este suceso es que Pemex, por medio de un comunicado, inmediatamente se deslinda de cualquier responsabilidad; y la Profepa, en un principio, determinó que uno de los ejemplares había muerto “por brucella y leptospira”; sin embargo, aún no decreta oficialmente la causa de la muerte de por lo menos 30 manatíes.

En tanto, José Juan Pérez Ocaña, habitante del lugar, divulga en su perfil de Facebook que un presumible estudio avalado por el Instituto Tecnológico de Boca del Río, Veracruz, comprueba que efectivamente existe plomo y cadmio en los ríos de Los Bitzales, que en la parte de Centla y Jonuta confluyen con el Grijalva y el Usumacinta.

Incluso, hace alusión a un documento supuestamente firmado por la jefe del laboratorio de investigación de recursos acuáticos del Instituto Tecnológico de Boca del Río, doctora María del Refugio Castañeda Chávez, que señala que el informe corresponde a los análisis de Metales Pesados de la muestra de agua de Bitzal tercera sección, realizada el pasado 13 de junio del presente año.

El problema prácticamente se volvió demasiado grande y pobladores exigen declaratoria de emergencia en la zona, pues desde hace tres meses han dejado de pescar, y, al ser ésta la única actividad económica de la cual viven alrededor de 6 mil familias que habitan en esa zona, temen que nunca más tengan ingresos por esa vía y esté en riesgo su fuente de provisión.

Aunque raramente la Secretaría del Medio Ambiente práctica estudios y no encuentra la causa de la mortandad de especies acuáticas y problemas de salud de la gente, ahí permanecen instalados los pozos petroleros denominados 12 y 17, con 40 años de antigüedad y sin mantenimiento.

Autoridades estatales adjudican el problema al calentamiento global y altas temperaturas de las aguas, y prácticamente exoneran a Pemex de responsabilidad alguna.

Sin embargo, la situación ha despertado el interés de la Universidad Juárez autónoma de Tabasco (UJAT), el Comité de Vigilancia de los Pantanos de Centla, la Secretaría de Energía, Recursos Naturales y Protección Ambiental de Tabasco, la Asociación Mexicana de Hábitat para la Interacción y Protección de Mamíferos Marinos, Profepa y la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios de México (AZCARM).

Ojalá y pronto encuentran el motivo, se castigue a los responsables, se atienda a los enfermos, se indemnice a los pobladores que no perciben ingreso más que de la actividad pesquera y se tomen medidas para corregir el daño al hábitat de alrededor de mil manatíes, la población más significativa de esta especie en peligro de extinción.